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Esta expresión es según la RAE la que se utiliza para expresar y demostrar, asombro, perplejidad… pasmo. ¡Qué barbaridad! Es lo que exclamamos hoy los viajeros del transporte madrileño ante la inminente subida desorbitada de las tarifas.

Desde la Asociación de amigos del metro de Madrid Andén 1 manifestamos que, además del desproporcionado incremento, se añade complejidad a nuestro ya de por si complejo sistema tarifario. Si ya es difícil entender las tarifas cuando se sale de la zona central y se entra en los diferentes “metros”, nombrados por los cuatro puntos cardinales, ahora se complica más.

A la hora de comprar un billete en la taquilla (o lo que quede de ellas, pues están siendo sustituidas por puntos de información al viajero) será necesario saber cuántas estaciones hay hasta nuestro destino. Entonces deberemos sacar la calculadora y para realizar las operaciones necesarias para obtener el precio de nuestro billete: Ocho menos cinco… ¡tres! Tres por diez treinta. Treinta más uno cincuenta: uno ochenta… Un lío. Todo sin un criterio claro de precio.

Y lo que es peor, ¿sabrá el usuario local o foráneo contar las estaciones en el (horroroso) plano actual? Plano que costó una fortuna, -y sigue costando cuando que se imprime uno nuevo cada mes- y que no entiende ni el que lo diseñó.

El cambio tarifario también plantea otra duda para Andén 1: ¿quién va a controlar el trayecto? ¿Habrá que instalar torniquetes de salida en todas las estaciones o se pondrán inspectores como en los años cincuenta? En cualquier caso, eso significa más gasto para Metro y la consejería de Transportes.

También creemos abusiva la subida del billete necesario para ir a la capital desde el Aeropuerto. Si bien sigue siendo más barato que un taxi, es mucho más caro que la recién inaugurada línea de cercanías a la Terminal 4 del aeropuerto. ¿Significará también un descenso de los viajeros? Porque claro, ¿quién cogerá el metro si puede ir en tren por la mitad de precio?

Expendedora¿Todo para qué? Para pagarnos este metro tan “bueno”, estos autobuses de lujo, estas Cercanías malgastadas (cierre de la C-3a) que nos hemos construido en este país despilfarrador a costa del contribuyente. Esos coches de lujo, esas instalaciones faraónicas, esas líneas infrautilizadas, esos cambios en taquillas, accesos…

El presidente de Andén 1, Juan Carlos Zamorano, explica que “nuestros políticos nos han dado un metro de ricos, poniéndonos la miel en los labios sin decirnos lo que costaba. Hemos querido un metro de lujo y ahora lo pagaremos con creces para sanear nuestras madrileñas arcas y que lo despilfarren otros”.

Cuando estos últimos años los madrileños se desplazaban a otros países de economías más competitivas y viajaba en sus metros no les cuadraban las cuentas por comparación. ¿Cómo es posible que Nueva York, Londres, París… tengan metros que parecen peores –en cuanto a aspecto que no a eficacia-?

La respuesta, según Zamorano, es que “hemos construido un metro de ricos con grandes ornamentaciones y fachada, con miles de ostentosidades tontas, inútiles y sobre todo carísimas y al rascar hemos comprobado que nosotros, usuarios pobres, vamos a pagar con creces el palacio de oro del Sultán”.

Abróchense los cinturones que nos vamos a estrellar… ¡qué barbaridad!