Circulen por la derechaMuchos de los que somos viejos y continuos viajeros y usuarios del metropolitano, no podríamos decir el momento exacto en el que se originó el caos circulatorio que existe actualmente en los pasillos y accesos de nuestro metro.

No se puede circular ni acceder a un andén repleto de gente sin que tengas que chocar, encontronarte con otro pasajero; y lo que es más peligroso, que al torcer una esquina no te des de bruces con alguien que viene de frente, distraído hablando por el móvil o simplemente recortando profesionalmente el terreno, aunque sea circulando por el espacio que tácitamente se reserva al que circula en sentido contrario: él o ella meten la cabeza, el bolso o la maleta y el que circula por su sentido, “recibe la corná”. Y no digas nada…porque con el billete parece que a algunos les dan un título de mala educación.

En las estaciones antiguas de pasillos y accesos más estrechos es imposible llegar al andén cuando acaba de descargarse un tren. Los que suben (o bajan) ocupan cual rebaño descontrolado todo el espacio…y ¡el que venga detrás (en este caso de frente) que arree, y que pierda el tren!

Y ¿cuándo se utilizan los andenes centrales no sólo para salir sino para entrar? ¿Qué hace cerrado el andén central de la estación de Carabanchel, si en la misma línea está abierto el de la estación de Campamento con menos viajeros que lo utiliza? ¿Nadie ha visto la que se organiza a primera hora en la única salida estrecha de los andenes de esa estación? ¡Misterios de la explotación metropolitana!

Hoy en día, se supone que los accesos y corredores internos de circulación de viajeros están estudiados para un óptimo rendimiento en orden a las entradas y salidas, transbordos y movimientos internos. Pero esto no es así. A una simple observación en hora punta, algunas estaciones más estrechas, son un auténtico caos. A esto se le ha sumado el invento genial de los torniquetes reversibles…vamos, que el inventor –como aquel del plano RaRo– se nota que es usuario habitual.

Cuando, en 1924, se inauguró la línea a Ventas, la prensa escrita recalcó que se había instalado en Sol un nuevo vestíbulo, con accesos y pasillos de tal manera dispuestos que los viajeros que salían no interferían con los que entraban o transbordaban y viceversa, y que esto aliviaría la enorme cantidad de viajeros (que entonces circulaban por la línea Norte-Sur). Hay que tener en cuenta que los viajeros eran muchos más en proporción con la longitud existente de red. Ya se ve que este problema no es nuevo ni actual.

No es cuestión de volver a implantar los postillones o portezuelas de los años 70 y 80 para impedir el paso de viajeros en sentido contrario, pero sería muy aconsejable realizar una campaña de concienciación ciudadana que, al igual que se hace con tantas otras cosas, se organice la circulación de viajeros por los pasillos y los accesos.

En otros países se hace, y nadie piensa que es una merma de libertad. En Nueva York, sin ir más lejos en un punto tan concurrido como el puente de Brooklin existe en el suelo una pegatina con una figura humana y dos flechas. En Londres (metro profundo e inmenso de pasillos estrechos y millones de usuarios), circulando en superficie por la izquierda y en la calle por la derecha, hay menos caos que en Madrid.

¿Y si ponemos pegatinas y figuras en los sitios más conflictivos que recuerde a los viajeros más despistados o egoístas a circular por su derecha? ¿Sería caro? No creo; más barato que la reciente publicidad sobre el precio del Metro… ¿sería complicado? No más que poner las gomas amarillas que se despegan en los andenes –generadoras de un escándalo- o los vinilos publicitarios en los coches… Beneficios: fluidez, rapidez, ahorro de tiempo y dinero, y sensación de orden y urbanismo. Ahora se han dado cuenta de anunciar el siguiente tren cuando en otros metros se hace desde siempre. Pues igual. Indicar el sentido de la circulación es poner orden en este caos como se hace en otros metros.

Ya sabemos que alguno exclamaría: ¡a mí me van a decir por dónde tengo que caminar! Algún otro pensaría que le están coartando la libertad de circular por donde le place y que circular todos por un mismo sentido es obra del autoritarismo. Pero en una sociedad civilizada (o así lo pretendemos) ambos son pensamientos que deberían de ser tratados en un manual de zoología.